miércoles, 26 de mayo de 2010

Ruido de rotas cadenas


(...) La gran burguesía se alió con otra más pequeña, ligada a las actividades profesionales, al empleo público, el bajo clero o la oficialidad militar para llevar a cabo la Revolución de Mayo. No fue aquel un movimiento que – tal como nos enseñó la historia oficial mitrista – se hizo para obtener solamente el libre comercio (que, por otra parte, ya había sido otorgado por el virrey Cisneros en 1809). Por el contrario, se trataba de la lucha por formas más democráticas de concebir el poder, orientadas por los fundamentos de la Revolución Francesa, pero con un fuerte contenido popular, en paralelo con lo que ocurría en la metrópoli en la insurrección contra el imperialismo napoleónico.
La Revolución, orientada por el pensamiento de Moreno, buscó expandir y hacer nacional y continental el movimiento de la ciudad: envió misiones militares al Alto Perú y al Paraguay; y comenzó a implementar un plan que incluía expropiar riquezas a los altos funcionarios virreinales y hacendados realistas; fomentar la minería; dividir la tierra en pequeñas parcelas para el desarrollo de la agricultura; imponer gravámenes a las mercaderías importadas, sobre todo a las lujosas, para promover el crecimiento de la industria nacional; e incentivar la educación. La Revolución todavía estaba por hacerse. El genio estratégico de San Martín así lo entendió y llevó esos ideales a nivel continental. (...)
(Nota completa)

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