lunes, 14 de enero de 2013

Entre rieles y urnas

Que sí, que no, que es mío, que es tuyo, que ya te lo traspasé, que todavía no fue aprobado. El 2012 fue el año de la novela por quién se hacía cargo del subte, que tuvo un final ¿feliz? 2013 promete nuevos capítulos de esa saga, que puede ser superada por nueva aventura épica: elecciones.

Por Fernando Casasco (Publicado en El Barrio Villa Pueyrredón, enero 2013)

Tras reasumir a fines de 2011 sus respectivos mandatos como Presidenta de la Nación y como Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Cristina Fernández de Kirchner y Mauricio Macri, respectivamente, embarcaron a ambas gestiones en la discusión sobre el traspaso de la red de subterráneos a la órbita porteña. Un debate que se prolongó por todo el 2012.

Bajo la consigna de la "sintonía fina" del modelo económico, el gobierno nacional pretendía reducir subsidios a empresas de servicios públicos y que determinadas administraciones provinciales y/o municipales se hicieran cargo de obras de infraestructura, concesiones o servicios privatizados que se circunscribían a sus territorios.

El caso del Subte fue el emblemático y el que mayor difusión tuvo, aunque no fue el único (por ejemplo, la Nación traspasó a la provincia de Buenos Aires la concesión de la Autovía Buenos Aires-La Plata)

Esa "sintonía fina" pareció trasladarse a la relación entre ambas administraciones, cuando el 31 de diciembre de 2011 se anunció un acuerdo sobre el traspaso a la Ciudad de la red del Subte, el cual se hacía efectivo a partir del primer día hábil del 2012.

El acuerdo preveía por parte del gobierno nacional el pago del 50% de los subsidios durante el año 2012, equivalente a 360 millones de pesos, y la continuidad de las obras de extensión de la Línea E y la señalización de la Línea A.

Asimismo, transfería la "potestad tarifaria" al Gobierno de la Ciudad. El acta establecía un plazo de 90 días para llevar a cabo los informes técnicos, peritajes y terminar de formalizar el traspaso.

A los pocos días, el Gobierno de la Ciudad comenzó a ejecutar el traspaso al anunciar un aumento de tarifas del 127%, de $1,10 a $2,50. Los amparos judiciales de organizaciones de usuarios y consumidores no se hicieron esperar, pero la Justicia los desestimó, por lo que la nueva tarifa sigue vigente hasta la actualidad.

El 22 de febrero ocurrió un hecho que enlutó a la ciudad y que volvió a poner sobre la mesa la discusión sobre el estado del sistema de transporte nacional: en la estación de Once, un tren proveniente de Moreno, impactó contra los paragolpes ubicados al final del andén, provocando que el segundo vagón se incrustara en el primero de la formación. El saldo fue de 51 muertos y más de 700 heridos.

Desde la Ciudad, se encendió una luz de alarma, por lo que el jefe de Gobierno salió a rechazar la transferencia del Subte, con la excusa de que la Nación no había hecho todas las obras que había prometido para el mejoramiento del servicio.

La Presidenta intentó zanjar el nuevo cruce enviando un proyecto al Parlamento, el cual aprobó por ley el traspaso del Subte, el Premetro y 33 líneas de colectivos. Sin embargo, la ley fue desconocida durante meses por el gobierno macrista, quien alegaba la necesidad de que el convenio fuera también ratificado por la Legislatura.

Ni siquiera la creación del Ente Tripartito de Transporte entre la Nación, ciudad y provincia de Buenos Aires, logró relajar la relación.

Para colmo el año fue particularmente conflictivo en lo laboral, con cortes de servicio en el subte que se prolongaron por semanas. Por otra parte, los masivos cacerolazos en contra del gobierno nacional, fueron leídos por los analistas también como un reclamo hacia la oposición para que exhiba sus alternativas.

En ese marco, fue que el jefe de gobierno finalmente anunció once meses después de firmar el acta acuerdo con el gobierno nacional, el envío a la Legislatura de su proyecto para hacerse cargo de la transferencia del Subte.

La norma aprobada, prevé aumentos en impuestos, destinados a subsidiar la tarifa, y una autorización de endeudamiento por 300 millones de dólares para obras de infraestructura. Pese a todo, la ahora asumida potestad de la Ciudad sobre el Subte arrancó con polémicas desde antes de su inicio: por un lado, el anuncio del cierre por dos meses de la línea A para la puesta en funcionamiento de 45 nuevos coches chinos que habían sido adquiridos por el Gobierno nacional; por otro, el comentario del jefe de Gobierno acerca de que la tarifa no debería tener un costo "técnico" inferior a los 6 pesos.

A esto se suma las negociaciones que el Ejecutivo porteño deberá entablar con el concesionario Metrovías sobre el nuevo contrato, y con los trabajadores. Con todo, está claro que el traspaso fue solo el puntapié inicial de una nueva serie de debates que se extenderán en 2013.

Porteños, a las urnas

Pero si el tema del Subte fue la estrella del 2012, evidentemente el año que acaba de comenzar va a tener como clave dominante las elecciones legislativas. Los porteños no sólo elegiremos diputados nacionales y legisladores, sino también a los tres senadores, que permanecerán en el cargo hasta 2019.

En el Gobierno de la Ciudad ya planifican el desdoblamiento de los comicios autonómicos de los nacionales. La apuesta macrista es a un fuerte triunfo en la elección local que les de mayoría propia en la Legislatura (deberían obtener 16 de los 30 escaños en juego) y que posicione al Jefe de Gobierno como uno de los grandes triunfadores a nivel nacional. Asimismo, evitarían una mayor dispersión que podría darse en los comicios nacionales, en los que ya están anotados varios jugadores de peso, como Fernando "Pino" Solanas, Elisa Carrió, Graciela Ocaña, Rodolfo Terragno, entre otros.

Claro que no todo es tan sencillo para el PRO. Para desdoblar las elecciones, Macri las debería convocar antes de marzo, por lo que debe tomar la decisión en poco tiempo. Además, se arriesga a que para esa campaña, se haga un especial hincapié en las deficiencias de su propia gestión.

Asimismo, se librará una dura lucha por las candidaturas. La que parece anotada de antemano es Gabriela Michetti, sobre todo a partir de su negativa a disputar la elección bonaerense. Sin embargo, sería la propia ex vicejefa de Gobierno la que duda lanzar su candidatura a senadora porteña, ya que debería abandonar la banca para postularse a la Jefatura de Gobierno en 2015.

Otra de las posibilidades es la de postular al jefe de gabinete, Horacio Rodríguez Larreta, quien también se mantiene firme en su intención de suceder a Macri. En la elección del candidato terciarían otros que quieren medir fuerzas como el ministro de Medio Ambiente, Diego Santilli, o el vicepresidente primero de la Legislatura, Cristian Ritondo. Y no habría que descartar la posibilidad de que aparezca algún extrapartidario o una figura pública que venga de afuera de la política.

De cara a las elecciones, también el kirchnerismo es un cúmulo de interrogantes. No aparece clara la estrategia tendiente para convocar a un electorado históricamente enfrentado al oficialismo, cuya aversión al gobierno nacional parece haber aumentado en los últimos tiempos como reflejara el 8N.

Apagada la estrella fugaz del vicepresidente Amado Boudou, muy golpeado en la interna con el senador Daniel Filmus, no aparecen figuras convocantes en la superficie. Sólo el ministro de Trabajo, Carlos Tomada, es uno de los que recorre semanalmente los barrios para participar en diversas actividades partidarias.

De la influyente agrupación La Cámpora, el mejor posicionado sigue siendo el legislador Juan Cabandié, aunque no parece que el salto a las ligas mayores sea un paso a dar en lo inmediato.

Sin tiempo para detenerse en estaciones intermedias, el tren de la política porteña ya enfila hacia la terminal electoral.

Y en ese viaje, todo puede pasar.

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