domingo, 8 de mayo de 2016

Meritócratas (o de la Ideología)


Lo que nos molesta de la publicidad de los "Meritócratas” de Chevrolet es que sea honesta: que nos escupa en la cara y nos diga lo que ya sabemos, pero que la ideología burguesa evita decirnos a cada instante.
Nos dice: “no se coman el chamuyo ese de que todos nacemos libres e iguales. Es verso. Los que pueden consumir son poquitos (una “minoría”, como el propio spot afirma), los que sobresalen son los que más tienen, los que vencen son los que sojuzgan al resto de los individuos – que no son sus pares –“.
Mac Cann es una de las agencias más conservadoras del mundo, como señaló Jorge Schusheim. El publicista también destacó que ni en Estados Unidos se hubiera animado a emitir el corto. Ese espíritu “calvinista” del spot – como lo denomina Dolina – es una de las piedras basales del sistema estadounidense, del “american way of life”, que pese a los magullones sufridos en las últimas décadas, sigue funcionando como utópico para muchos pichones de burgueses locales.
En realidad, toda la publicidad comunica lo mismo, pero implícitamente: “Consumí. Comprá. Gastá tu dinero en cosas que no necesitás”. Pero esta publicidad nos choca, porque va un paso más allá: borra los límites entre el imperativo ideológico de toda sociedad burguesa y la circulación de significaciones que estamos dispuestos a considerar aceptables en la comunicación masiva, para que el espejismo no revele su verdadera esencia. Y nos da pistas acerca de los tiempos sociales y políticos que se vienen.
Eso nada más. Sigo leyendo a Zizek.


Buenas tardes.

martes, 13 de enero de 2015

Paradojas pop



"Rock the Casbah" es una canción de The Clash, compuesta en 1982 como una burla a la política antirock impuesta en Irán por el Ayatollah Khomeini. Se convirtió en el hit más importante de una banda revolucionaria de la historia del rock, que basó su carrera en la denuncia de la violencia del sistema capitalista y la arrogancia imperial norteamericana.



Tiempo después, su líder, Joe Strummer, lloró cuando se enteró de que una de las bombas que iba a detonar sobre Irak llevaba la leyenda “Rock the Casbah”.

Tras la repudiable e injustificable matanza de los dibujantes del "irresponsable" periódico francés Charlie Hebdo y la reacción de varios de los líderes de las mayores potencias mundiales, se hace necesario reflexionar sobre esta paradoja de la cultura contemporánea.
¿Cuántos crímenes habrá que soportar tras la masacre de París? ¿Cuántas bombas llevarán la leyenda "Je suis Charlie"?


(Dibujo: Diego Parés)

lunes, 21 de octubre de 2013

La ovación del final


Tiempo muerto. Time out. Un minuto.
Cuando la cosa viene complicada en el básquet o hay un final de partido muy cerrado, las reglas permiten que el director técnico pida un tiempo para analizar con sus jugadores la táctica a emplear. Literalmente, se mata al tiempo, aunque sea por un breve lapso que no siempre trae resultados favorables.
En el fútbol, en cambio, esa función de estirar o matar el tiempo no corresponde a los participantes. Es el árbitro el que, en función del tiempo perdido por los jugadores, cambios o lesiones, decide agregar tiempo extra a los 90 minutos reglamentarios. Y allá va el equipo que va perdiendo, a la carga barraca, a buscar el empate en el último centro.
En la vida no pasa nada de eso. Vos estás jugando lo más tranquilo y en un momento dado, sin previo aviso y sin importar cómo va el partido, te muestran la chapa y tenés que irte a los vestuarios. Pero, a diferencia de los partidos, no tenés un compañero que entre a reemplazarte; ni un DT con el que abrazarte por el buen partido o insultarte porque te saca sin razón aparente; ni una hinchada a la que saludar cuando te aplaude o ignorar cuando te putea.
No importa si jugaste bien, metiste goles, gambeteaste a media defensa, anticipaste de cabeza al 9 rival, convertiste muchos triples o agarraste todos los rebotes. No importa tampoco si fuiste un patadura, un tronco, cagaste a patadas a los rivales, erraste goles hechos, te ganó la espalda el wing izquierdo o no le pegaste al aro. La salida de la cancha es inexorable. Me imagino a un Marcelo Benedetto cósmico que aparece con su voz altisonante y anuncia: “Se acabó el partido para Fulanito…”
Y chau. Te vas. Sólo por el túnel. Por ese túnel al que tanto temor le tenemos todos. Sin saber si te van a llamar o no para otro partido. O si te traspasan al Necaxa mexicano, al Metalist de Ucrania, o al Barcelona. O te convocan a la Selección.

La carrera de mi papá, Roberto Casasco, daría material para varios especiales televisivos. Una infancia feliz, en su Villa Pueyrredón natal, entre la fábrica de cigarros familiar y las pelotas de la Fundación Eva Perón. Una madre que cocinaba las pastas, un padre inspector ferroviario y la sombra de un hermano mayor que pronto elegiría la distancia. La adolescencia como un alumno más de una “escuela obrera” de aquella Argentina pujante de mediados de los 50. Y cuando aquel sueño de ingeniero se cerraba, se abrió definitivamente su pasión fundamental, herencia de su hermano, entre un revuelo de pañuelos, ponchos y polleras.
A partir de allí, una vida dedicada a enseñarle a niños, adolescentes y adultos las danzas y tradiciones de nuestro país. Con un amor y una convicción a toda prueba. Educar, educar, como si la vida entera se fuera en eso. Tuve la suerte de ser uno de sus alumnos, uno de aquellos a los que arriaba allí donde hubiera un escenario donde bailar una chacarera, un escondido, un triunfo. Tanto lo seguí, que fui con él hasta Córdoba dos veces, para participar en festivales inolvidables. Tanto, que trabajé con él en aquella quimera hecha realidad del Encuentro Infantil de Folklore en la ciudad de Buenos Aires.
Y a la par, su otro gran amor, el de mi mamá, a la que también conoció bailando, como no podía ser de otra forma. Con la que tuvo un largo noviazgo, que no se interrumpió ni siquiera cuando se casaron. Con la que tuvo tres hijos que tratamos – no siempre con éxito – de seguir su ejemplo de vida, de amor y de honestidad. Y unos cuantos hijos adoptivos. Y una ristra de amigos, una barra aguantadora que fue raleándose en los últimos años.
Nunca podía estar quieto: cuando no laburaba, se buscaba algún hobby. Así pasaron la filatelia, el bonsái, la cerámica, el telar, la fabricación de embutidos, quesos, cerveza, vino… una larga lista de etcéteras.
Todo en su vida es inolvidable: su amor por el rancho de Uribelarrea, esa casita que de a poco fue levantando con sus propias manos y a la que siempre le estaba haciendo algo; la pasión por River, que logró transmitirme ayudándome a trepar por las tribunas del Monumental; las zambas bailadas con mi mamá, siempre reclamadas por la concurrencia en cualquier reunión; las vacaciones en carpa, cuando cocinaba las almejas que juntábamos en la playa; sus viajes al interior, como empleado telefónico; las papas fritas y las torres de panqueques; sus regresos a casa de noche, porque laburaba en un bachillerato nocturno; los viajes a Paraguay, a disfrutar del clima y de la amistad; las broncas que se agarraba como remisero, cuando la oleada privatizadora lo dejó sin laburo; las salidas familiares a cenar a la pizzería Je t’aime, al Di Pappo de la avenida Córdoba o a la heladería Homs en Cabildo; su afición por la tecnología: así llegaron la TV color, el Atari, la Commodore 64, la AT 286 y sus sucesivas filmadoras; las tardes de básquet en el Círculo Urquiza, donde se metió a hacer de planillero, para seguirnos más de cerca; las largas noches de burako o de T.E.G. entre amigos y copas; o las peñas en el club YPF, cuando junto a Mario y Ricardo terminaban al compás de la media caña, abrazados entre ellos, emulando a “Zorba el Griego”.
Y en los últimos años, sus nietos, a los que les dio todo el amor que él sabía dar. Amor de brazos abiertos, mirada franca y sonrisa contagiosa.

Hace un par de días le mostraron la chapa a mi viejo y tuvo que salir de la cancha. Metidos en el fragor del partido, muchos ni nos dimos cuenta a quién sacaban. Hasta que empezamos a escuchar la ovación de la hinchada y el tradicional cantito: “No te vayas campeón…”. En ese instante nos dimos cuenta que el que salía era él, el capitán del equipo, con su paso cansino, su mirada melancólica y su cabeza gacha. Y no pudimos evitar aplaudir también nosotros.

lunes, 15 de abril de 2013

Ciudad de Dios


"El arte de vivir con fe y sin saber con fe en qué" (Inundados, Os Paralamas do sucesso)

En menos de un mes, la ciudad de Buenos Aires pasó de la emoción por ser la ciudad que le dio al mundo al nuevo representante de Dios en la Tierra, a estar "en manos de Dios" por la desidia y la inoperancia de sus gobernantes, ante un nuevo diluvio

Por Fernando Casasco (Publicado en El Barrio Villa Pueyrredón, abril 2013)

El Primer y el Tercer Mundo, a la par. El lujo del Shopping ultra moderno junto al barrio más humilde. La ciudad de Gardel, Borges, Arlt, Quinquela Martín, Charly García, Spinetta, pero también la de sangrientos asesinos y represores. La ciudad de Buenos Aires desde 2013 también tiene el orgullo de darle un Papa a la Iglesia Católica. Y la perspectiva de ir convirtiéndose de a poco en una nueva Venecia, aunque con menos glamour.

Seguramente los grandes problemas de la ciudad de Buenos Aires y de la zona metropolitana se solucionarían con una dirigencia política que estuviera a la altura de las circunstancias. Paradójicamente, el que probablemente sea el mejor político porteño de las últimas décadas ocupa hoy la Jefatura de un Estado extranjero: El Vaticano.

Jorge Mario Bergoglio nació y se crió en la contradictoria Reina del Plata. Esta ciudad que acogió a las corrientes migratorias y a su fe religiosa, pero también a las ideas de izquierda que muchos de los inmigrantes traían desde la lejana Europa. En ese crisol, el propio Bergoglio se acercó a la política en los años 70, de la mano de la organización peronista Guardia de Hierro. Su actuación en la última dictadura aún es materia de controversia, y saldarla se encuentra muy lejos del objetivo de esta columna.

Primero Arzobispo de Buenos Aires y luego cardenal primado de la Argentina, Bergoglio supo transformarse en un referente indiscutido para muchos sectores en momentos de crisis política y económica. Desde su puesto al frente de la Iglesia, fue sostén y apoyo decisivo para la actividad pastoral de los curas villeros; recibió y consoló a los familiares de las víctimas de la tragedia de Cromañón; y se comprometió en la lucha de la Fundación La Alameda y otras ONG contra el trabajo esclavo y en apoyo a los recicladores urbanos. Pero también hizo lobby contra la implementación del matrimonio igualitario, del aborto no punible o de la educación sexual en las escuelas.

Los encontronazos con los Kirchner fueron notorios y quedaron plasmados en dos casos particulares: los cruces por la intención de reemplazar al obispo castrense, Antonio Baseotto; y la decisión del kirchnerismo de no "someterse" a las habitualmente críticas homilías del cardenal en los tedeums del 25 de mayo. Políticas de estado como el matrimonio igualitario sumaron derechos, pero alejaron al Gobierno de la Iglesia. Pese a todo, la relación con Cristina Kirchner siempre fue cordial. Y así lo refleja que fue la primera jefa de Estado recibida por el flamante papa Francisco.

La capacidad negociadora de Bergoglio quedó evidenciada en su fuerte ascendencia sobre la política porteña. Tejió relaciones aceitadas con el gobierno de Jorge Telerman y con el de Mauricio Macri, influyendo incluso en la designación de funcionarios y en el armado de listas. Sabedor de su nuevo rol ecuménico, a la par de su acercamiento con la Presidenta, el pontífice mantuvo un saludo fuera de protocolo con el actual jefe de gobierno. Viejo aforismo de la política: siempre hay que poner un huevo en cada canasta.

Pero la euforia vivida por la designación y asunción del nuevo Papa se esfumó frente a un nuevo embate de la naturaleza sobre la Capital y la provincia de Buenos Aires.

Lo que el agua se llevó

Calles y avenidas convertidas en ríos. Viviendas y estacionamientos invadidos por las aguas. Barrios carenciados convertidos en gigantescos lodazales. Autos apilados en bizarros aquelarres. Millonarias pérdidas materiales. Miles de usuarios sin energía eléctrica. Y lo peor de todo: ocho vidas humanas perdidas en el medio del caos.

La ciudad de Buenos Aires, una vez más, recibió la inclemencia del tiempo desguarnecida, sin otra esperanza que encomendarse a alguna deidad que contuviera o reparara tanta desgracia. Sin política de regulación en materia de construcción, con una al menos polémica ejecución de los fondos en obras hídricas y con una red de prevención y de asistencia de emergencias deficitaria, la capital de todos los argentinos volvió a transformarse en tierra de nadie.

Ante la tragedia, las autoridades se escudaron en algunos números: la Ciudad sólo cuenta con 600 agentes de emergencias, que no daban abasto para socorrer a unas 350 mil personas. Pero cabría preguntarse el por qué desde el Estado no se puede organizar una fuerza mayor y delinear un plan de contingencia más aceitado, capaz de dar una respuesta más rápida y eficiente ante la catástrofe, con la participación de la ciudadanía afectada. Sobre todo teniendo en cuenta que no es la primera crisis de este tipo que se vive en la gran urbe.

Mauricio Macri insistió con que inundaciones de este tipo se paliarían con obras de gran escala en las cuencas de los arroyos Vega y Medrano, tal como se constataría en las realizadas en la cuenca del Maldonado (pese a lo cual Paternal y Villa Santa Rita se inundaron). Las obras de canales aliviadores en el Vega y el Medrano se encuentran licitadas desde 2008, pero el financiamiento externo propuesto incluía una garantía que no se adecuaba a la normativa que regula la aplicación del Convenio CCR-ALADI, bajo el cual se iba a tomar la deuda. Por tal motivo, el Banco Central no autorizó el endeudamiento de $189 millones que buscaba colocar el Gobierno de la Ciudad. Recientemente, la Ciudad obtuvo el aval del Gobierno nacional para un crédito del Banco Mundial por 150 millones de dólares para el Arroyo Vega.

Pero lo que los funcionarios porteños prefieren callar es que los 228 millones de pesos originalmente presupuestados en 2012 para la construcción de sumideros y ampliación y mejoramiento de la red pluvial fueron reducidos a 40 millones, de los cuales tan solo se ejecutó el 12%. Las autoridades afirman que al no poder tomar el crédito externo, la parte que debía financiar el Tesoro porteño no se pudo ejecutar. No obstante, para 2013 el presupuesto del área descendió a menos de 21 millones de pesos.

Por su parte, el ministro Santilli aseguró que no hubo subejecución en las partidas destinadas al mantenimiento y limpieza de los desagües y sumideros. Pero el auditor porteño Eduardo Epszteyn advirtió que "la falta de limpieza contribuyó a que se obstruya todo, así como la falta de recolección luego de la poda de árboles".

La ausencia en el país del jefe de gobierno y de varios de los funcionarios fue un chorro de vinagre en la herida abierta que la inundación dejó en el alma de la ciudad. Macri volvió de Brasil y alegó que es un "servidor público" y que necesitaba "unos días de descanso". También el jefe de gabinete, Horacio Rodríguez Larreta, y el ministro de Desarrollo Urbano (a cargo de las obras hídricas), Daniel Chaín, se encontraban de vacaciones en Europa.

Cuando la catástrofe ocurrida en La Plata (con 51 fallecidos y un caudal de precipitaciones tres veces superior al de la ciudad de Buenos Aires) comenzó a sacar del centro de la atención a los damnificados porteños, las autoridades comenzaron a buscar la forma de mitigar el costo político: Macri admitió los planteos de la oposición y aumentó los subsidios económicos, al tiempo que eximió del pago del ABL por seis meses a los afectados y prometió rapidez en los trámites. Paralelamente, tendría casi decidido realizar las elecciones comunales junto con las nacionales en octubre. Es que el PRO prefiere no tener que plebiscitar su modelo de gestión, en medio de las consecuencias que a mediados de año todavía quedarán de la inundación.

A los porteños, a esta altura, sólo les va a quedando a mano el camino de la fe. Fe en que los políticos aprendan de sus errores y gobiernen para el pueblo. O fe en que, al fin de cuentas, Dios proveerá.

lunes, 11 de marzo de 2013

Siento ruido de pelotas

La televisación del fútbol se ha transformado en debate nacional. Algo que hasta hace poco sólo desvelaba a la gente del "medio" (ya sea de la comunicación o del deportivo) se ha puesto abruptamente sobre la palestra pública en los últimos años, a partir de la creación del programa "Fútbol para todos".

Por Fernando Casasco (Publicado en El Barrio Villa Pueyrredón, marzo 2013)

El rompimiento de lanzas entre la AFA y el Grupo Clarín - anterior poseedor de los derechos de transmisión de todos los torneos de fútbol argentino - fue aprovechado y hasta incitado en su momento por el kirchnerismo. Hoy, el éxito de la propuesta despierta críticas abiertas de medios y dirigentes opositores.

En los últimos días fue el jefe de Gobierno, Mauricio Macri, quien puso el grito en el cielo contra el Fútbol para Todos, como en su momento lo había hecho contra las estatizaciones de Aerolíneas Argentinas o las AFJP.

Fiel al manual liberal, aprendido de los expertos del Instituto de Economía Social de Mercado de la UCeDe que lo educaron en los años 80, el líder del PRO siente fobia a todo lo que suene a "intervención estatal" en áreas manejadas (o desmanejadas) por privados.

Recientemente aseguró que eliminaría Fútbol para Todos si fuera elegido Presidente y aseguró que el fútbol «se organizaba muy bien sin la intervención y manipulación del gobierno nacional». El jefe de gabinete, Juan Manuel Abal Medina, respondió que Macri "demuestra la visión de país que tiene, que es para unos pocos, sus amigos, los que se beneficiaron con las políticas de ajuste".

Seguramente el "organizarse muy bien" que menta el Jefe de Gobierno se refiere a las pingües ganancias que al Grupo Clarín le dejó la transmisión en forma monopólica de los partidos de fútbol, a través de la cual se hizo con la propiedad de decenas de sistemas de cables en el interior del país.

No pareció tener en cuenta a los miles de argentinos que peregrinaban en busca de un bar o estación de servicio que tuviera un decodificador para poder ver jugar al club de sus amores o se conformaban mirando las tribunas. Por lo demás, clubes fundidos y empresarios millonarios no daban la sensación de ser una ecuación favorable para el fútbol.

La relación de Clarín con Macri es de larga data: desde la participación del holding dirigido por Héctor Magnetto en el fondo de inversión que armó durante su presidencia en Boca para la compra de jugadores; la transmisión en vivo de partidos de los xeneizes por copas sudamericanas a través de Canal 13 para la zona metropolitana y TyC Max para el interior, a cambio de 10 millones de pesos anuales; el contrato para la venta de merchandising del equipo de la Ribera. Más recientemente, al frente del Gobierno de la Ciudad, Macri entregó a una empresa del Grupo la distribución de las netbooks a alumnos de escuelas primarias públicas y el soporte técnico de las mismas.

En su disputa declarada con Clarín, el gobierno kirchnerista tuvo el oportunismo de generar una salida que fuera beneficiosa para el fútbol y que causara una grave herida al mayor grupo mediático del país. De paso, generó un proyecto comunicacional que le sirvió de canalizador de la publicidad oficial.

A la hora de las críticas al programa, dirigentes opositores y medios concentrados insisten en la reiteración de que la transmisión gratuita del fútbol "no es una prioridad". En lo que esta visión sesgada no se explaya es en cuántas cosas "no prioritarias" invierte cualquier Estado moderno anualmente. Porque si sólo el combate contra la pobreza, la salud, la educación y la seguridad son prioritarios, ¿qué sentido tiene en una ciudad como la de Buenos Aires, repleta de oferta cultural, llevar a cabo desde el Estado festivales musicales y artísticos o sostener grandes teatros para el esparcimiento de una pequeña minoría?

Al respecto, un estudio del diario Tiempo Argentino indica que mientras la Nación destina sólo 4 pesos por cada espectador del Fútbol para Todos (unos 250 millones al mes, sumados todos los partidos), el Gobierno de la Ciudad desembolsa algo más de 949 pesos por cada uno de los 214 mil asistentes a alguna obra en el Teatro Colón.

En todo está la publicidad

Ya se ha afirmado reiteradas veces en esta columna que la comunicación es un elemento inescindible de la actividad política. A ello se ha sumado desde el siglo pasado una herramienta privilegiada de la comunicación: la publicidad. Todos los gobiernos recurren a la publicidad gráfica, radial, televisiva o vía web para difundir sus actos de gobierno. En la Argentina, en los últimos años, tanto el gobierno nacional, como el provincial y el de la Ciudad de Buenos Aires han aumentado sus presupuestos publicitarios en forma exorbitante.

Según un análisis del sitio Chequeado.com, el presupuesto de publicidad oficial del gobierno nacional en 2010, incluyendo el costo del programa Fútbol para Todos, fue de 1224,7 millones de pesos, el 0,62% del gasto primario total. Mientras tanto, el Gobierno de la Ciudad previó para el mismo periodo un gasto de 154,7 millones, un 0,81% del gasto total. Sin embargo, si se lo calcula en el gasto por habitante, se observa que mientras la Nación invirtió 30,61 pesos, la administración porteña erogó casi un 80% más: 53,34 pesos per capita.

Al respecto, el especialista en Comunicación, Martín Becerra subrayó: "Los datos revelan que ambos gobiernos no vacilan en hacer propaganda de sí mismos, y que existe una confusión permanente entre los límites de lo que significa la publicidad del Gobierno, del Estado y del partido político al frente de la gestión".

La distribución de la publicidad es otro punto en el que muchas críticas llovieron sobre la Nación, pero no tantas sobre la Ciudad de Buenos Aires. El mismo estudio señala que la Casa Rosada casi no pauta avisos en los canales TN y el 13, y que el Gobierno de la Ciudad hizo lo propio con el 9 y la TV Pública.

El tema merece una discusión en serio y profunda: si se premia con mayor cantidad de publicidad a los medios con mayor rating o tirada, se sigue la lógica del mercado y se terminan consolidando, desde el Estado, situaciones monopólicas que distorsionan el acceso a la información.

Un dictamen de 2004 de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos remarca que "la publicidad estatal puede compensar los vastos recursos de la comunicación controlados por intereses empresariales o por los círculos financieros, pues pueden ampliar la voz de periodistas y medios de comunicación locales, de los medios más pequeños y de los que critican a las empresas".

Sumándose a la polémica, el diputado PRO Federico Pinedo presentó un proyecto que pretende limitar la publicidad oficial en Fútbol para Todos. La iniciativa establece que la publicidad oficial no puede superar el 10% y sólo debe estar referida a campañas informativas.

Caso típico de "haz lo que yo digo y no lo que yo hago": la publicidad oficial del Gobierno de la Ciudad, por lo general estuvo referido a cuestiones emotivas y que trataban de ensalzar a la actual gestión, más que de informar a la sociedad sobre temas de interés público.

Por otra parte, cuando la Legislatura porteña aprobó una ley sobre publicidad oficial, que establecía, por ejemplo, que el Ejecutivo no podía usar publicidad con los mismos colores que el partido gobernante, Mauricio Macri la vetó parcialmente.

Tal vez lo que moleste del "Fútbol para Todos" es que desde el Estado se haya garantizado el acceso universal a un bien inmaterial que satisface la demanda de una gran mayoría de argentinos. Además de quitarle un excelente negocio a una corporación privada.

Con todos los defectos que se le pueden achacar a la televisación del fútbol abierta y gratuita, no parece que eliminarla y volver a la "idílica" (sólo para unos pocos) situación anterior sea la solución.

lunes, 11 de febrero de 2013

Bailando por un voto

Cada vez más famosos, artistas y deportistas, se suman a la política. Mientras tanto, los políticos imploran por tener la posibilidad de bailar o contar chistes en televisión.

Por Fernando Casasco (Publicado en El Barrio Villa Pueyrredón, febrero 2013)

El fenómeno de "farandulización" de la política no es nuevo ni es exclusivamente argentino. Sobre la internacionalización de esta tendencia se podría mencionar las dos presidencias en Estados Unidos del actor Ronald Reagan o la gobernación de California ejercida por el rudo Arnold Schwarzenegger; el dominio sobre la política italiana ejercido por Silvio Berlusconi, respaldado por su imperio mediático, sus éxitos deportivos con el club Milan o sus escandalosas conquistas de jóvenes y hermosas mujeres; o la novela sentimental protagonizada por Nicolas Sarkozy en su relación con la modelo y cantante Carla Bruni.

Por estas tierras, la lista de casos es extensa y de larga data. Se podrían rastrear en el matrimonio de Marcelo T. de Alvear con la cantante lírica Regina Pacini o en el romance que cambió la historia del país: la de Juan Domingo Perón con la ascendente actriz María Eva Duarte.

Pero fueron los años 90 los que marcaron una bisagra en cuanto a la utilización deliberada de figuras rutilantes del deporte y el espectáculo por parte de la dirigencia política. Y viceversa: la cada vez mayor participación de los políticos en programas de entretenimiento.

El menemismo supo aunar éxito artístico y/o deportivo con triunfos electorales a partir de sumar al cantante y empresario Ramón Ortega y al ex corredor de Fórmula Uno Carlos Reutemann.

En las elecciones provinciales de 1991, "Palito" se quedaba con la gobernación de Tucumán, relegando al general represor Antonio Domingo Bussi, mientras que el "Lole" aseguraba la continuidad del Justicialismo en la gobernación santafesina.

Otra estrella del deporte que consiguió una banca en Diputados en aquellos años fue el campeón de motonáutica Daniel Scioli, luego Vicepresidente de la Nación y dos veces gobernador de la Provincia de Buenos Aires.

Paralelamente, el Presidente de la Nación se convertía en un "rock star": jugaba al fútbol y al básquet junto a las selecciones nacionales, bailaba música árabe en el programa de Mirtha Legrand, cerraba la campaña por su reelección intercambiando chistes por TV con Marcelo Tinelli, se vanagloriaba de su fama de mujeriego y de sus amoríos con pulposas vedettes, se hacía cirugías estéticas, y corría por las rutas argentinas con su Ferrari Testarossa.

Finalizando aquella década, los sectores medios de la sociedad parecieron hartarse de aquel desparpajo con que se exhibían los políticos. Sin embargo, a la hora de los bifes, un mandatario más "aburrido" como Fernando de la Rúa, además de mantener incólumes los pilares de la política económica de su antecesor, también pasó por el set televisivo de Tinelli, compartiendo cámara con su imitador. El resultado fue patético, con el Presidente cayendo en el absoluto ridículo.

Por entonces se hablaba de la "tinellización" de la política. En julio de 2001, el humorista Rudy consideraba que "más que tinellización, vivimos el triunfo de lo banal; somos, parece, una república banalera".

Votando por un sueño

En el siglo XXI el fenómeno no se agotó, ni mucho menos. Y demostró que no tiene que ver con una ideología determinada. El propio Néstor Kirchner bromeaba con el imitador de De la Rúa, al igual que lo hacía constantemente con los noteros de CQC.

Asimismo, el kirchnerismo supo rodearse de artistas durante importantes anuncios o festivales multitudinarios y hasta postuló a Nacha Guevara para ocupar una banca en la Cámara de Diputados. La reciente polémica entre la presidenta Cristina Fernández y el actor Ricardo Darín, demuestra la sobredimensionada importancia que el oficialismo nacional a veces les otorga a los artistas populares.

Pero es el PRO el partido que demuestra moverse más cómodamente en los andurriales en los que se borran las fronteras entre la política y el entretenimiento. El propio Mauricio Macri se transformó en una "celebrity": un joven magnate que se volcó a la vida pública; sus éxitos al frente del club más popular del país; sus sucesivos casamientos con bellezas distinguidas como Isabel Menditeguy o Juliana Awada; sus constantes apariciones en sets televisivos y en las tapas de las "revistas del corazón".

El Jefe de Gobierno no tuvo rubor al bailar desde una tarima el día de su consagración electoral. Ni de calzarse capa y corona para emular a su ídolo musical Freddy Mercury en distintos programas televisivos.

Pese a lograr la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Macri no logró aún extender su buena estrella más allá de la Avenida General Paz. Es por ello, que la dirigencia del PRO decidió dedicarse a la incorporación de famosos actores y/o deportistas a sus listas, para mejorar su performance en distintos distritos.

La tendencia la inauguró con la candidatura a concejal en Mendoza del corredor de rally Orly Terranova. Pero el mejor rendimiento lo obtuvo el humorista Miguel Del Sel, quien en poco tiempo de campaña llegó a arañar la gobernación santafesina en 2011.

Para los comicios de este año, el macrismo ha decidido apostar casi todas sus fichas a los votos que la farándula y los deportistas exitosos puedan sumarle. "Quien no sea conocido, quien no tenga popularidad, no puede ser candidato", afirmó recientemente el ministro de Gobierno y principal armador político de Macri, Emilio Monzó.

Ya confirmaron su presencia en las listas del PRO el ex árbitro de fútbol cordobés Héctor Baldassi, el ex piloto de TC, Eduardo "Lalo" Ramos, y el ex basquetbolista y periodista Leandro Ginóbili. Quien podría ocupar un lugar en las listas macristas en Quilmes es el periodista deportivo Walter Queijeiro. También continúan las negociaciones para incorporar al ex futbolista Carlos MacAllister para que sea candidato a diputado por La Pampa.

En el revoleo de nombres famosos, apareció postulándose la modelo y conductora Rocío Marengo, quien dijo tener buena llegada con el ex diputado radical y actual referente del PRO en Bahía Blanca, Juan Pablo Baylac. Desde el macrismo sólo contestaron que "por ahora no" habían pensado en la atractiva rubia. Otros nombres resonantes (el ex futbolista Martín Palermo, el ex basquetbolista Marcelo Milanesio, o el golfista Eduardo "Gato" Romero) quedaron descartados.

Y mientras muchos famosos se politizan, los políticos se "farandulizan", para conseguir mayor popularidad. El anuncio de Marcelo Tinelli de que podría haber un nuevo sketch de "Gran Cuñado" (con humoristas imitando a dirigentes políticos que participan de un supuesto reality show) movilizó a varios dirigentes que probarán suerte en las urnas. Así, el primero en anotarse fue el ex socio político de Macri, Francisco De Narváez, quien logró una mayor instalación popular gracias a su participación en el ciclo. Otro que se autopostuló para bailar en Showmatch fue el jefe de gabinete porteño, Horacio Rodríguez Larreta, a quien algunos ven con posibilidades de convertirse en candidato a senador por el macrismo porteño.

Otros dirigentes del PRO buscan también su nicho para atraer las cámaras sobre sus figuras. El ministro Diego Santilli empapeló las paredes de la ciudad para promover un partido benéfico que compartirá con el ídolo riverplatense Ariel Ortega. Y Cristian Ritondo se anota en cuanta distinción otorga la Legislatura porteña a reconocidos artistas y deportistas. Todo sea con tal de salir en la foto.

Es que las propuestas, las plataformas electorales y la coherencia militante parecen estar en baja. Es tiempo de fama, éxito, dinero.

Es tiempo del show.

¡Buenas noches, América!

lunes, 14 de enero de 2013

Entre rieles y urnas

Que sí, que no, que es mío, que es tuyo, que ya te lo traspasé, que todavía no fue aprobado. El 2012 fue el año de la novela por quién se hacía cargo del subte, que tuvo un final ¿feliz? 2013 promete nuevos capítulos de esa saga, que puede ser superada por nueva aventura épica: elecciones.

Por Fernando Casasco (Publicado en El Barrio Villa Pueyrredón, enero 2013)

Tras reasumir a fines de 2011 sus respectivos mandatos como Presidenta de la Nación y como Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Cristina Fernández de Kirchner y Mauricio Macri, respectivamente, embarcaron a ambas gestiones en la discusión sobre el traspaso de la red de subterráneos a la órbita porteña. Un debate que se prolongó por todo el 2012.

Bajo la consigna de la "sintonía fina" del modelo económico, el gobierno nacional pretendía reducir subsidios a empresas de servicios públicos y que determinadas administraciones provinciales y/o municipales se hicieran cargo de obras de infraestructura, concesiones o servicios privatizados que se circunscribían a sus territorios.

El caso del Subte fue el emblemático y el que mayor difusión tuvo, aunque no fue el único (por ejemplo, la Nación traspasó a la provincia de Buenos Aires la concesión de la Autovía Buenos Aires-La Plata)

Esa "sintonía fina" pareció trasladarse a la relación entre ambas administraciones, cuando el 31 de diciembre de 2011 se anunció un acuerdo sobre el traspaso a la Ciudad de la red del Subte, el cual se hacía efectivo a partir del primer día hábil del 2012.

El acuerdo preveía por parte del gobierno nacional el pago del 50% de los subsidios durante el año 2012, equivalente a 360 millones de pesos, y la continuidad de las obras de extensión de la Línea E y la señalización de la Línea A.

Asimismo, transfería la "potestad tarifaria" al Gobierno de la Ciudad. El acta establecía un plazo de 90 días para llevar a cabo los informes técnicos, peritajes y terminar de formalizar el traspaso.

A los pocos días, el Gobierno de la Ciudad comenzó a ejecutar el traspaso al anunciar un aumento de tarifas del 127%, de $1,10 a $2,50. Los amparos judiciales de organizaciones de usuarios y consumidores no se hicieron esperar, pero la Justicia los desestimó, por lo que la nueva tarifa sigue vigente hasta la actualidad.

El 22 de febrero ocurrió un hecho que enlutó a la ciudad y que volvió a poner sobre la mesa la discusión sobre el estado del sistema de transporte nacional: en la estación de Once, un tren proveniente de Moreno, impactó contra los paragolpes ubicados al final del andén, provocando que el segundo vagón se incrustara en el primero de la formación. El saldo fue de 51 muertos y más de 700 heridos.

Desde la Ciudad, se encendió una luz de alarma, por lo que el jefe de Gobierno salió a rechazar la transferencia del Subte, con la excusa de que la Nación no había hecho todas las obras que había prometido para el mejoramiento del servicio.

La Presidenta intentó zanjar el nuevo cruce enviando un proyecto al Parlamento, el cual aprobó por ley el traspaso del Subte, el Premetro y 33 líneas de colectivos. Sin embargo, la ley fue desconocida durante meses por el gobierno macrista, quien alegaba la necesidad de que el convenio fuera también ratificado por la Legislatura.

Ni siquiera la creación del Ente Tripartito de Transporte entre la Nación, ciudad y provincia de Buenos Aires, logró relajar la relación.

Para colmo el año fue particularmente conflictivo en lo laboral, con cortes de servicio en el subte que se prolongaron por semanas. Por otra parte, los masivos cacerolazos en contra del gobierno nacional, fueron leídos por los analistas también como un reclamo hacia la oposición para que exhiba sus alternativas.

En ese marco, fue que el jefe de gobierno finalmente anunció once meses después de firmar el acta acuerdo con el gobierno nacional, el envío a la Legislatura de su proyecto para hacerse cargo de la transferencia del Subte.

La norma aprobada, prevé aumentos en impuestos, destinados a subsidiar la tarifa, y una autorización de endeudamiento por 300 millones de dólares para obras de infraestructura. Pese a todo, la ahora asumida potestad de la Ciudad sobre el Subte arrancó con polémicas desde antes de su inicio: por un lado, el anuncio del cierre por dos meses de la línea A para la puesta en funcionamiento de 45 nuevos coches chinos que habían sido adquiridos por el Gobierno nacional; por otro, el comentario del jefe de Gobierno acerca de que la tarifa no debería tener un costo "técnico" inferior a los 6 pesos.

A esto se suma las negociaciones que el Ejecutivo porteño deberá entablar con el concesionario Metrovías sobre el nuevo contrato, y con los trabajadores. Con todo, está claro que el traspaso fue solo el puntapié inicial de una nueva serie de debates que se extenderán en 2013.

Porteños, a las urnas

Pero si el tema del Subte fue la estrella del 2012, evidentemente el año que acaba de comenzar va a tener como clave dominante las elecciones legislativas. Los porteños no sólo elegiremos diputados nacionales y legisladores, sino también a los tres senadores, que permanecerán en el cargo hasta 2019.

En el Gobierno de la Ciudad ya planifican el desdoblamiento de los comicios autonómicos de los nacionales. La apuesta macrista es a un fuerte triunfo en la elección local que les de mayoría propia en la Legislatura (deberían obtener 16 de los 30 escaños en juego) y que posicione al Jefe de Gobierno como uno de los grandes triunfadores a nivel nacional. Asimismo, evitarían una mayor dispersión que podría darse en los comicios nacionales, en los que ya están anotados varios jugadores de peso, como Fernando "Pino" Solanas, Elisa Carrió, Graciela Ocaña, Rodolfo Terragno, entre otros.

Claro que no todo es tan sencillo para el PRO. Para desdoblar las elecciones, Macri las debería convocar antes de marzo, por lo que debe tomar la decisión en poco tiempo. Además, se arriesga a que para esa campaña, se haga un especial hincapié en las deficiencias de su propia gestión.

Asimismo, se librará una dura lucha por las candidaturas. La que parece anotada de antemano es Gabriela Michetti, sobre todo a partir de su negativa a disputar la elección bonaerense. Sin embargo, sería la propia ex vicejefa de Gobierno la que duda lanzar su candidatura a senadora porteña, ya que debería abandonar la banca para postularse a la Jefatura de Gobierno en 2015.

Otra de las posibilidades es la de postular al jefe de gabinete, Horacio Rodríguez Larreta, quien también se mantiene firme en su intención de suceder a Macri. En la elección del candidato terciarían otros que quieren medir fuerzas como el ministro de Medio Ambiente, Diego Santilli, o el vicepresidente primero de la Legislatura, Cristian Ritondo. Y no habría que descartar la posibilidad de que aparezca algún extrapartidario o una figura pública que venga de afuera de la política.

De cara a las elecciones, también el kirchnerismo es un cúmulo de interrogantes. No aparece clara la estrategia tendiente para convocar a un electorado históricamente enfrentado al oficialismo, cuya aversión al gobierno nacional parece haber aumentado en los últimos tiempos como reflejara el 8N.

Apagada la estrella fugaz del vicepresidente Amado Boudou, muy golpeado en la interna con el senador Daniel Filmus, no aparecen figuras convocantes en la superficie. Sólo el ministro de Trabajo, Carlos Tomada, es uno de los que recorre semanalmente los barrios para participar en diversas actividades partidarias.

De la influyente agrupación La Cámpora, el mejor posicionado sigue siendo el legislador Juan Cabandié, aunque no parece que el salto a las ligas mayores sea un paso a dar en lo inmediato.

Sin tiempo para detenerse en estaciones intermedias, el tren de la política porteña ya enfila hacia la terminal electoral.

Y en ese viaje, todo puede pasar.

lunes, 10 de diciembre de 2012

Del #8N al #7D

El mes de noviembre vibró a partir del masivo cacerolazo contra el Gobierno nacional y el paro general de sectores de la CGT y la CTA. Diciembre se abre con la expectativa de la aplicación plena de la Ley de Medios. ¿Qué pasará?

Por Fernando Casasco (Publicado en El Barrio Villa Pueyrredón, Diciembre 2012)

La convocatoria fue un gran éxito. La campaña divulgada por redes sociales y correos electrónicos, impulsada por grupos de "ciudadanos independientes" orgánica o inorgánicamente relacionados con partidos de la oposición, y por último - pero no menos importante - fogoneada en forma incesante por grandes medios y connotados comunicadores, logró reunir el 8 de noviembre (#8N, según su sigla convocante en Facebook y Twitter) cientos de miles de personas en el Obelisco y Plaza de Mayo en una gran protesta contra el Gobierno nacional.

Las consignas otra vez volvieron a ser variadas, como conviene a una convocatoria lo más multitudinaria posible: «Seguridad», «Basta de corrupción», «No a la reforma de la Constitución», «Prensa libre», "Basta de inflación", «La Fragata es nuestra, no tuya», "Gracias chicos de Harvard, fueron nuestras voces", "Cristina devolvé el país", etc.

Los organizadores y muchas concurrentes se esforzaron por rechazar que se los tilde de golpistas o destituyentes o de que las marchas sólo eran convocadas por las restricciones a las compras de dólares. Sin embargo, no pudieron evitar que se colaran carteles que pedían la renuncia de la Presidenta o la caricaturizaban con una horca al cuello. También se repitieron expresiones de caceroleros indignados porque les dan planes "a los vagos" con los impuestos que paga la clase media. Y varios trabajadores de prensa sufrieron agresiones, pese a que se insistía con lo "pacífico" de la protesta.

Es evidente que un fermento de bronca hacia el Gobierno nacional se incuba desde hace muchos años - en algunos desde 2003 a la fecha - en ciertos sectores de clase media urbana. Resabios del tradicional "gorilismo" confluyen con posturas liberales, conservadoras o netamente fascistas que rechazan políticas concretas de la actual administración en materia económica, social o de derechos humanos.

Pero otras posiciones tienen que ver con supuestos desgajamientos del bloque oficialista. En ese marco se inserta también el paro general del pasado 20 de noviembre (o #20N), convocado por el sector opositor de la CGT liderado por el camionero Hugo Moyano, y por la rama disidente de la CTA, de Pablo Micheli, en reclamo de la modificación del impuesto a las ganancias (que cada vez afecta a más trabajadores registrados) y asignaciones familiares para todos los asalariados.

La medida de fuerza de alto impacto, se sintió especialmente en la Capital Federal, con paro de ferrocarriles y piquetes en los accesos a la ciudad. El Gobierno nacional respondió con un paliativo: eximió del pago de ganancias a la segunda cuota del aguinaldo y anunció que se analizará para el año próximo un nuevo mínimo no imponible.

¿Con Néstor estábamos mejor?

El paro de Moyano, junto a sectores de clase media que votaron por el oficialismo y se ven "desencantados", marcan un nuevo panorama. Lentamente, fogoneado desde medios concentrados, va comenzando a dibujarse en la escena un fantasma, un nuevo mito de la política argentina contemporánea: "Cristina no es Néstor", junto a sus sucedáneos, "Cristina traicionó el proyecto de Néstor" o "Esto no hubiera ocurrido en vida de Néstor".

Este engendro comunicativo plantea contraponer la presidencia de Kirchner de 2003 a 2007, con los dos mandatos de su esposa. Sus ideólogos son quienes pretenden volver a recomponer una alianza entre el capital y el trabajo que asegure un crecimiento moderado, pero sin profundizar en una distribución del ingreso más equitativa ni en medidas a favor de un Estado más fuerte, sino simplemente "emprolijar" el modelo para seducir inversores y garantizar las mejoras en la calidad de vida de los sectores medios y altos (vía exención o reducción del impuesto a las Ganancias, baja de las retenciones agrícolas, por ejemplo), en detrimento de los más postergados.

Asimismo, plantean reducir el gasto público (agua potable, cloacas, rutas, escuelas, hospitales, entrega de netbooks, nuevos jubilados, Asignación Universal por Hijo) y volver a los superávit paralelos de la canasta comercial y de la caja fiscal.

En cuanto a la deuda, proponen terminar con la política de "vivir con lo nuestro" y acceder al mercado internacional de capitales, retornando a la rueda de pagar la actual deuda con deuda nueva. Por supuesto, ello implicaría arribar a un acuerdo con el Club de Paris y con los fondos buitres que demandan internacionalmente al país, y atenerse a las "revisiones" periódicas del Fondo Monetario Internacional.

De paso, se sumarían otros reclamos de sectores de poder corporativos como el cierre del juzgamiento a los genocidas de la última dictadura, la liberación del mercado cambiario y la derogación de la Ley de Medios.

Llegados a este punto, es evidente - por más que los organizadores insistan en desmentirlo - que las recientes oleadas de protesta coinciden con dos temas nuevos en la agenda pública nacional: el denominado "cepo" a la compra de dólares y la proximidad de la aplicación plena de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual.

Del dólar a Clarín

Evidentemente, el "Trastorno Obsesivo Compulsivo por el dólar" de los argentinos - como lo denomina el periodista Alfredo Zaiat - ha generado que ciertos factores patológicos colectivos afloraran en los últimos meses, tras las trabas impuestas por el gobierno a la compra del verde billete.

Puntualiza Zaiat en su último libro "Economía a Contramano" que se trata de una cuestión cultural: en Brasil, cada persona solo tiene en promedio 6 dólares en billetes, mientras que en Argentina se supera los 2000 dólares per cápita. En el periodo 2007-2011, las ventas totales de dólares al sector privado sumaron más de 79 mil millones de la moneda estadounidense.

Hoy, en un clima de incertidumbre económica global, con ventas al exterior que se contraen y potencias económicas que buscan trasladar a los países emergentes sus crisis, el Gobierno nacional afirma que debió adoptar medidas - comunicadas de pésima manera - de sostenimiento del valor de la moneda y de atesoramiento de divisas para cumplir con los compromisos externos, pagar importaciones y afrontar los requerimientos de los argentinos que felizmente pueden veranear en el exterior.

El otro punto en disputa es el que debe resolverse en momentos en que este periódico llega a sus manos y sobre el cual es difícil hacer futurología: la exigencia de que los grupos concentrados de medios de comunicación se adecuen a lo establecido por la ley sancionada por el Congreso Nacional.

Durante los últimos tres años el Grupo Clarín fue el más férreo opositor a la norma y quien logró paralizar su aplicación plena mediante una medida cautelar en una causa sospechada de estar amañada. Pero fue la Corte Suprema de Justicia, y no el Poder Ejecutivo, la que le puso un límite a ese amparo, el cual venció el 7 de diciembre o #7D como lo popularizaron los spots oficiales.

A partir de aquí, con o sin fallo definitivo, comienza a correr el plazo para la transferencia de oficio de las licencias que excedan el límite de 24 a nivel nacional habilitadas por la ley (Clarín posee 237 en todo el país)

El Gobierno insiste en que busca desmonopolizar la comunicación, mientras que Clarín denuncia persecución y cercenamiento de la libertad de expresión. Una libertad que no siempre parece defender, como cuando denunció a periodistas de distintos medios por "apología de la violencia". Fue tal el papelón, que los abogados del grupo debieron dar marcha atrás con su presentación. Mientras tanto, el grupo comandado por Héctor Magnetto trata de golpear sobre todos los flancos que pueda ofrecerle un gobierno que cae repetidamente en la tentación de caminar sobre el filo de la navaja.

Pasaron el #8N, el #7D. Pero esta historia continuará.

lunes, 5 de noviembre de 2012

Con este sol

Un gaucho vago y malentretenido perseguido por la justicia
Un campesino enamorado que se convierte en lobizón
Un tipo obsesionado con un gallo
Un boxeador que pudo ser el más grande y murió en la miseria
Un dependiente que sueña con la muerte de su patrón
Un artista callejero y decadente
Esos personajes tan anti-heroicos. Tan entrañables.
Esas imágenes grabadas en la retina de todo un pueblo, al igual que sus canciones
Esa forma de sentir, de vivir, de crear tan cercana al sentido popular pero también al arte con mayúsculas.
Desde pequeñas películas en blanco y negro, hasta creaciones casi operísticas a todo color.
Desde un relato ficcional sencillo hasta la recreación documental – pero también poética – del mayor movimiento político argentino del siglo XX.
Mi amigo Aldo alguna vez me dijo que Favio era “el tipo con más huevos” del cine nacional: sólo un genio como él puede manejar con grandeza esos planos generales interminables que, cuano uno menos se lo espera, se cortan con un primerísimo primer plano que genera la emoción en el público.
Nunca olvidaré lo que sentí al ver Juan Moreyra en una pantalla grande, cuando fue reestrenada en los ’90. Ni aquellas lágrimas que derramé junto a Gatica, tras salir de la habitación donde agonizaba Eva Perón.
Ese niño pobre que se convirtió en el mayor director de cine y que se va con muchos proyectos inacabados. Y con este sol…
Por la pasión, por la poesía, por la memoria. Por todo eso y mucho más, gracias Favio

viernes, 26 de octubre de 2012

El candidato del miedo



“Miedo a la calle tengo, miedo a la gente, miedo como una nueva religión. / Miedo a encontrarte, miedo a tocarte, miedo a saber que ya no podré jamás vivir sin miedo”. (Arbolito, “2015”)


El ruido del cacerolazo del pasado 13 de septiembre pareció sacudir de su letargo a la oposición nacional. Esa noche, decenas de miles de personas salieron a manifestar su repudio a la política del gobierno nacional con consignas variopintas: desde los que reclamaban terminar con la corrupción a los que se quejaban por no poder comprar dólares; de la inseguridad al “No” a la re-reelección.

Otros se expresaban libremente a favor de la libertad de expresión, pedían al gobierno que “devuelva el país” o enarbolaban pancartas con cruces svásticas asociadas al nombre de la Presidenta de la Nación. Y muchos coreaban a voz en cuello que el gobierno es una “DiKtadura”.

Una frase de Cristina Kirchner dedicada a sus funcionarios (“sólo hay que tenerle miedo a Dios... y un poquito a mí”), convenientemente manipulada por los medios concentrados, fue interpretada por amplios sectores como que la sociedad debía temerle a la mandataria. De ahí otra de las consignas de la manifestación: “No tenemos miedo”. Paradójicamente, la mayoría de los slogans tenían que ver con temores - infundados o no - subyacentes en los sectores medios.

Sobre ese ejercicio semiológico se edificó la evaluación que de la manifestación hizo la oposición y el líder del PRO en particular. Un Mauricio Macri exultante salió al día siguiente por todos los medios a señalar que estaba “contento” porque hubo “una movilización masiva, espontánea, pacífica, a favor de la libertad, de que se los respete, de que se los escuche, de que no se los quiera conducir desde el miedo”.

“Vengo diciendo que no hay que tener miedo, que somos más los que creemos en un futuro para Argentina”, reiteró.

De esa manera, el tema del “miedo” pasó a ser un significante vacío que podía ser llenado a gusto del consumidor del discurso. Puede ser miedo a los chorros, a no poder veranear en el exterior, a no poder comprar el nuevo modelo de I-phone o a que “los negros” tengan su propia casa enfrente de un barrio de lujo. Lo mismo da a la hora de generar un consenso en torno a la necesidad de un cambio de rumbo.

En ese sentido, Macri se muestra cada vez más dispuesto a dar declaraciones públicas o conferencias de prensa sobre temas de política nacional, mientras guarda silencio y deja que sus funcionarios se ocupen de responder sobre la gestión porteña. Así fue que mientras los estudiantes secundarios tomaban durante semanas decenas de escuelas porteñas en protesta por la reforma de los planes de estudio, no dijo ni “A”. Y anunció a través de un escueto comunicado el veto (uno más) a la ley que reglamentaba el aborto no punible en la ciudad.

En cambio, utilizó el atril amarillo de la Jefatura de Gobierno para pedirle a los prefectos y gendarmes que protestan contra las autoridades nacionales que “vuelvan a sus casas”. Fue la excusa para criticar a “un gobierno nacional que ha improvisado en sus políticas de seguridad y por eso ha fracasado”. Además, dijo entender a los rebeldes de las fuerzas de seguridad que - según sus palabras - “llevan una década de maltrato, de falta de respeto, de humillaciones”. La duda es: ¿lo dijo sólo por cuestiones salariales y laborales o hizo una velada referencia a los juicios por crímenes de lesa humanidad que se impulsaron en los últimos nueve años y que llevaron a muchos uniformados al banquillo de los acusados?

Completo aquí