lunes, 11 de marzo de 2013

Siento ruido de pelotas

La televisación del fútbol se ha transformado en debate nacional. Algo que hasta hace poco sólo desvelaba a la gente del "medio" (ya sea de la comunicación o del deportivo) se ha puesto abruptamente sobre la palestra pública en los últimos años, a partir de la creación del programa "Fútbol para todos".

Por Fernando Casasco (Publicado en El Barrio Villa Pueyrredón, marzo 2013)

El rompimiento de lanzas entre la AFA y el Grupo Clarín - anterior poseedor de los derechos de transmisión de todos los torneos de fútbol argentino - fue aprovechado y hasta incitado en su momento por el kirchnerismo. Hoy, el éxito de la propuesta despierta críticas abiertas de medios y dirigentes opositores.

En los últimos días fue el jefe de Gobierno, Mauricio Macri, quien puso el grito en el cielo contra el Fútbol para Todos, como en su momento lo había hecho contra las estatizaciones de Aerolíneas Argentinas o las AFJP.

Fiel al manual liberal, aprendido de los expertos del Instituto de Economía Social de Mercado de la UCeDe que lo educaron en los años 80, el líder del PRO siente fobia a todo lo que suene a "intervención estatal" en áreas manejadas (o desmanejadas) por privados.

Recientemente aseguró que eliminaría Fútbol para Todos si fuera elegido Presidente y aseguró que el fútbol «se organizaba muy bien sin la intervención y manipulación del gobierno nacional». El jefe de gabinete, Juan Manuel Abal Medina, respondió que Macri "demuestra la visión de país que tiene, que es para unos pocos, sus amigos, los que se beneficiaron con las políticas de ajuste".

Seguramente el "organizarse muy bien" que menta el Jefe de Gobierno se refiere a las pingües ganancias que al Grupo Clarín le dejó la transmisión en forma monopólica de los partidos de fútbol, a través de la cual se hizo con la propiedad de decenas de sistemas de cables en el interior del país.

No pareció tener en cuenta a los miles de argentinos que peregrinaban en busca de un bar o estación de servicio que tuviera un decodificador para poder ver jugar al club de sus amores o se conformaban mirando las tribunas. Por lo demás, clubes fundidos y empresarios millonarios no daban la sensación de ser una ecuación favorable para el fútbol.

La relación de Clarín con Macri es de larga data: desde la participación del holding dirigido por Héctor Magnetto en el fondo de inversión que armó durante su presidencia en Boca para la compra de jugadores; la transmisión en vivo de partidos de los xeneizes por copas sudamericanas a través de Canal 13 para la zona metropolitana y TyC Max para el interior, a cambio de 10 millones de pesos anuales; el contrato para la venta de merchandising del equipo de la Ribera. Más recientemente, al frente del Gobierno de la Ciudad, Macri entregó a una empresa del Grupo la distribución de las netbooks a alumnos de escuelas primarias públicas y el soporte técnico de las mismas.

En su disputa declarada con Clarín, el gobierno kirchnerista tuvo el oportunismo de generar una salida que fuera beneficiosa para el fútbol y que causara una grave herida al mayor grupo mediático del país. De paso, generó un proyecto comunicacional que le sirvió de canalizador de la publicidad oficial.

A la hora de las críticas al programa, dirigentes opositores y medios concentrados insisten en la reiteración de que la transmisión gratuita del fútbol "no es una prioridad". En lo que esta visión sesgada no se explaya es en cuántas cosas "no prioritarias" invierte cualquier Estado moderno anualmente. Porque si sólo el combate contra la pobreza, la salud, la educación y la seguridad son prioritarios, ¿qué sentido tiene en una ciudad como la de Buenos Aires, repleta de oferta cultural, llevar a cabo desde el Estado festivales musicales y artísticos o sostener grandes teatros para el esparcimiento de una pequeña minoría?

Al respecto, un estudio del diario Tiempo Argentino indica que mientras la Nación destina sólo 4 pesos por cada espectador del Fútbol para Todos (unos 250 millones al mes, sumados todos los partidos), el Gobierno de la Ciudad desembolsa algo más de 949 pesos por cada uno de los 214 mil asistentes a alguna obra en el Teatro Colón.

En todo está la publicidad

Ya se ha afirmado reiteradas veces en esta columna que la comunicación es un elemento inescindible de la actividad política. A ello se ha sumado desde el siglo pasado una herramienta privilegiada de la comunicación: la publicidad. Todos los gobiernos recurren a la publicidad gráfica, radial, televisiva o vía web para difundir sus actos de gobierno. En la Argentina, en los últimos años, tanto el gobierno nacional, como el provincial y el de la Ciudad de Buenos Aires han aumentado sus presupuestos publicitarios en forma exorbitante.

Según un análisis del sitio Chequeado.com, el presupuesto de publicidad oficial del gobierno nacional en 2010, incluyendo el costo del programa Fútbol para Todos, fue de 1224,7 millones de pesos, el 0,62% del gasto primario total. Mientras tanto, el Gobierno de la Ciudad previó para el mismo periodo un gasto de 154,7 millones, un 0,81% del gasto total. Sin embargo, si se lo calcula en el gasto por habitante, se observa que mientras la Nación invirtió 30,61 pesos, la administración porteña erogó casi un 80% más: 53,34 pesos per capita.

Al respecto, el especialista en Comunicación, Martín Becerra subrayó: "Los datos revelan que ambos gobiernos no vacilan en hacer propaganda de sí mismos, y que existe una confusión permanente entre los límites de lo que significa la publicidad del Gobierno, del Estado y del partido político al frente de la gestión".

La distribución de la publicidad es otro punto en el que muchas críticas llovieron sobre la Nación, pero no tantas sobre la Ciudad de Buenos Aires. El mismo estudio señala que la Casa Rosada casi no pauta avisos en los canales TN y el 13, y que el Gobierno de la Ciudad hizo lo propio con el 9 y la TV Pública.

El tema merece una discusión en serio y profunda: si se premia con mayor cantidad de publicidad a los medios con mayor rating o tirada, se sigue la lógica del mercado y se terminan consolidando, desde el Estado, situaciones monopólicas que distorsionan el acceso a la información.

Un dictamen de 2004 de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos remarca que "la publicidad estatal puede compensar los vastos recursos de la comunicación controlados por intereses empresariales o por los círculos financieros, pues pueden ampliar la voz de periodistas y medios de comunicación locales, de los medios más pequeños y de los que critican a las empresas".

Sumándose a la polémica, el diputado PRO Federico Pinedo presentó un proyecto que pretende limitar la publicidad oficial en Fútbol para Todos. La iniciativa establece que la publicidad oficial no puede superar el 10% y sólo debe estar referida a campañas informativas.

Caso típico de "haz lo que yo digo y no lo que yo hago": la publicidad oficial del Gobierno de la Ciudad, por lo general estuvo referido a cuestiones emotivas y que trataban de ensalzar a la actual gestión, más que de informar a la sociedad sobre temas de interés público.

Por otra parte, cuando la Legislatura porteña aprobó una ley sobre publicidad oficial, que establecía, por ejemplo, que el Ejecutivo no podía usar publicidad con los mismos colores que el partido gobernante, Mauricio Macri la vetó parcialmente.

Tal vez lo que moleste del "Fútbol para Todos" es que desde el Estado se haya garantizado el acceso universal a un bien inmaterial que satisface la demanda de una gran mayoría de argentinos. Además de quitarle un excelente negocio a una corporación privada.

Con todos los defectos que se le pueden achacar a la televisación del fútbol abierta y gratuita, no parece que eliminarla y volver a la "idílica" (sólo para unos pocos) situación anterior sea la solución.

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