miércoles, 23 de diciembre de 2009

Sentido adiós



Estimado Abel:
Te vas como viniste. Como una ráfaga, una exhalación, un suspiro. O como una de esas tormentas de verano, que cuando uno se acuerda de agarrar el paraguas, ya terminaron.
Nuestra relación fue breve, pero intensa. Supiste sacar lo más profundo de todos nosotros. Nos demostraste que a pesar de que uno a veces cree que ciertos pensamientos cambian y evolucionan, hay gente que se muestra tenaz en aferrarse a ciertos ideales oscurantistas, por más vetustos y oxidados que parezcan.
Al menos tu coherencia es para resaltar: nunca te arrepentiste de lo que dijiste, nunca diste ni medio pasito hacia la posibilidad de acordar con otro alguna solución más democrática, más consensuada (ahora que suena tanto esa palabrita).
Quien te nombró en el cargo sabía que eras así, que era eso lo que pensabas. Y si no lo sabía, le hubiera bastado con leer la famosa nota publicada en La Nación un día antes de tu asunción. Pese a todo, te defendió y te tomó juramento. Y hasta se empeñó en destacar tu papel provocador y "polémico" (rasgo que te asemejaría con Guillermo Moreno).
Pero viste como son estos muchachos: se habrá fijado en las encuestas, consultado a sus asesores de imagen, se habrá mirado en el espejito mágico que le presenta Durán Barba y habrá llegado a la conclusión de que no le quedaba otra que soltarte la mano. Doce días después, con la misma cara de paranoica eficiencia, nos presentarán otro ministro.
Pero no importa lo que ellos hagan, lo que nos importa aquí sos vos. Suponemos que volverás rápido a tus libros y a tus viajes. Y a las reuniones de diletantes con tus amigos del Grupo Aurora, con los que despotricarás en paz contra el "troscoleninismo" y los enemigos de la República. Hacés bien. A esta altura del camino no tenías por qué amargarte la vida con esos sindicatos docentes que por cualquier pavadita anuncian un paro. ¿O qué se creen? ¿Que por ganar 1500 míseros mangos tienen derecho a tener de rehén a los pibes? Válgame Dios...
Adiós Abel. Cuesta mucho tener que redactar estas palabras, pero vos te las merecés. Te iba a llamar por teléfono, pero temía que me cortaras como le hiciste a Ernesto. Tu memoria quedará grabada a fuego en todos nosotros. Y esa juventud perdida, estupidizada por el rock y la droga, no sabe lo que se pierde con tu partida. Sólo te elogiarán dentro de siglos, cuando algún paleontólogo encuentre tus huesos fosilizados y te expongan en un museo bajo el título rimbombante de "Possesaurus", dinosaurio breve pero muy dañino.
Hasta siempre Abel. Gracias por nada.

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