martes, 12 de julio de 2011

La era amarilla



Ni “progre” como nos habían hecho creer entonces.
Ni “facho” como nos dicen ahora.
La palabra que yo usaría para entender al electorado porteño es: conservador.
Conservador no quiere decir que le gusta ir a pasear toros a la Sociedad Rural o a mirar vidrieras a la Avenida Alvear.
Conservador es el que quiere conservar algo. No importa qué. Y hace todo lo posible para que eso se mantenga inmutable.
Es conservador el de clase media alta o alta de Recoleta o Puerto Madero que quiere conservar sus riquezas e irse a pasear por Europa.
Es conservador el de clase media media de Villa Urquiza o Caballito que no quiere que se construyan torres en su barrio ni que los indigentes revuelvan bolsas en sus veredas.
Es conservador el de clase media baja de Villa Lugano o Pompeya que no quiere que indigentes le usurpen el campito de enfrente.
Y hasta es conservador el de clase baja que prefiere hacinarse en una villa aunque le ofrezcan una casa más confortable lejos del centro.
Conservadores son los que votan a Macri porque reprime a los "sin techo", habla de “inmigración descontrolada” y arregla veredas.
Y conservadores son los que van a votar a Cristina porque a ellos les va bien económicamente, aunque no se la banquen ni a ella ni a lo que representa.
En cierto modo, todos somos conservadores.
Pero creemos que tenemos onda.
Y ahí está nuestra ciudad de Buenos Aires. Toda amarilla y con globitos de colores.

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