martes, 9 de junio de 2009

Hay milicos y milicos


"Una cosa es una cosa, y otra cosa es otra cosa", decía don Alfredo Zitarrosa. Cuando mi hijo me pregunte si hubo militares buenos, entre otros, le voy a contar la historia de un tal general Valle, fusilado sólo por alzarse en armas para que retornara la democracia a su país.
Como él mismo le decía a su fusilador - militar también como él - horas antes de morir:
"(...) Sólo buscábamos la justicia y la libertad del 95% de los argentinos, amordazados, sin prensa, sin partido político, sin garantías constitucionales, sin derecho obrero, sin nada. No defendemos la causa de ningún hombre ni de ningún partido. Es asombroso que ustedes, los más beneficiados por el régimen depuesto, y sus más fervorosos aduladores, hagan gala ahora de una crueldad como no hay memoria.
Nosotros defendemos al pueblo, al que ustedes le están imponiendo el libertinaje de una minoría oligárquica, en pugna con la verdadera libertad de la mayoría, y un liberalismo rancio y laico en contra de las tradiciones de nuestro país.
Todo el mundo sabe que la crueldad en los castigos la dicta el odio, sólo el odio de clases o el miedo. Como tienen ustedes los días contados, para librarse del propio terror, siembran terror. Pero inútilmente. Por este método sólo han logrado hacerse aborrecer aquí y en el extranjero.
Pero no taparán con mentiras la dramática realidad argentina por más que tengan toda la prensa del país alineada al servicio de ustedes. Como cristiano me presento ante Dios que murió ajusticiado, perdonando a mis asesinos, y como argentino, derramo mi sangre por la causa del pueblo humilde, por la justicia y la libertad de todos no sólo de minorías privilegiadas".

A aquellas trágicas jornadas de junio del '56 le debemos el que seguramente debe ser el mejor libro periodístico de nuestra historia. No es poca cosa.

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