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martes, 3 de mayo de 2011

Manzi por Cooke



“(…) Como ciudadano, a través de un hondo fervor argentino, puso al servicio de sus ideales, una militancia de entereza y de talento. Como ser humano reafirmó en cada uno de sus actos esa altísima verdad –siempre sabida y siempre olvidada- de que sólo a través del amor y de la solidaridad puede salvarse este mundo que, al violar cada día todos los valores morales, se carga también cada día con las promesas de la esterilidad y la muerte irremediables.
Poeta de la palabra y la imagen, se mantuvo firme en el cultivo de las tradiciones que canta el pueblo. (…)
La obra de arte sólo existe y perdura cuando entre el creador y el suelo que lo sostiene se mantiene vivo un nexo comunicante, en forma tal que en la obra de arte se hagan patentes las virtudes de la tierra original. (…)
Manzi sabía que en el desprecio de las clases dirigentes por el tango había la animadversión –y tal vez el remordimiento- de quienes eran culpables de las causas económicosociales que dieron nacimiento a ese fondo de pobreza y desamparo que anida en el cantar de la metrópoli.
Cantó en el tango la poesía de la clase humilde, a la que casi un siglo de dominio de la oligarquía había convertido en una desheredada a la que sólo se la convocaba teórica y espaciadamente para legalizar la continuidad de los poderes económicos en el manejo de los comandos del país
Como era un auténtico creador –es decir que aprendía por intuición lo que la masa conocía por instinto- comprendía que por encima de un escepticismo que era sólo el despecho de no ver llegada la oportunidad de hacer cumplir sus imperativos, el hombre argentino mantenía la perennidad de sus altos valores: el sentido del tiempo, el sentido del espacio, el sentido de lo telúrico, reflejados en las características que configuran lo más noble del alma argentina: el sentido de la igualdad, la fe en el porvenir, el culto nacional del coraje, el elogio de la amistad, el pundonor criollo.
Todo eso nos lo dijo Manzi. (…)”.


Discurso de John William Cooke en el Homenaje a Homero Manzi en la Cámara de Diputados de la Nación, tras la muerte del poeta.

Como lo homenajeó también su querido amigo Cátulo Castillo:
Fueron años de cercos y glicinas, / de la vida en orsai y el tiempo loco.
Tu frente triste de pensar la vida / tiraba madrugadas por los ojos.
Y estaba el terraplén y todo el cielo, / la esquina del zanjón, la casa azul...
Todo se fue trepando su misterio /por los repechos de tu barrio sur.


Hoy se cumplen 60 años de la partida del hijo más famoso de Añatuya. Aquel que decidió “hacer letras para los hombres”, en lugar de ser un “hombre de letras”.
Y lo seguimos necesitando.



lunes, 31 de mayo de 2010

Qué tango hay que cantar



Se fue un grande. Un ecléctico, un genio desbordante, un apasionado del tango.
Vamos Rubén, maestro, dé clase con su blanco bandoneón, una vez más…



martes, 18 de mayo de 2010

Aristocracia arrabalera



A 35 años de la partida del “bandoneón mayor de Buenos Aires”. El de la dupla memorable con Homero Manzi, el de la gran orquesta, el que le dio brillo a las voces de Fiorentino, Floreal Ruiz, Rivero, Marino, Goyeneche, y tantos otros… El personaje porteño. Aquel que nunca se fue de su barrio, siempre está llegando.
Un recuerdo para el gran Pichuco.

El gordo triste (Piazzolla/Ferrer)

Por su pinta poeta de gorrión con gomina,
por su voz que es un gato sobre ocultos platillos,
los enigmas del vino le acarician los ojos
y un dolor le perfuma la solapa y los astros.

Grita el águila taura que se posa en sus dedos
convocando a los hijos en la cresta del sueño:
¡a llorar como el viento, con las lágrimas altas!,
¡a cantar como el pueblo, por milonga y por llanto!

Del brazo de un arcángel y un malandra
se van con sus anteojos de dos charcos,
a ver por quién se afligen las glicinas,
Pichuco de los puentes en silencio.

Por gracia de morir todas las noches
jamás le viene justa muerte alguna,
jamás le quedan flojas las estrellas,
Pichuco de la misa en los mercados.

¿De qué Shakespeare lunfardo se ha escapado este hombre
que un fósforo ha visto la tormenta crecida,
que camina derecho por atriles torcidos,
que organiza glorietas para perros sin luna?

No habrá nunca un porteño tan baqueano del alba,
con sus árboles tristes que se caen de parado.
¿Quién repite esta raza, esta raza de uno,
pero, quién la repite con trabajos y todo?

Por una aristocracia arrabalera,
tan sólo ha sido flaco con él mismo.
También el tiempo es gordo, y no parece,
Pichuco de las manos como patios.

Y ahora que las aguas van más calmas
y adentro de su fueye cantan pibes,
recuerde y sueñe y viva, gordo lindo,
amado por nosotros. Por nosotros.

jueves, 13 de agosto de 2009

Mucho más que la Marchita



Hace 20 años se nos iba Hugo del Carril, Don Hugo.
Pese a que hace muy poco se lo nombró bastante por la polémica en torno al uso de su versión de la Marcha peronista (por lejos la más famosa), poco se tiene en cuenta su extensa y brillante carrera artística, siempre ligada a lo mejor de la cultura popular durante más de medio siglo.
Fue un gran cantante, con versiones magistrales de tangos como Malevaje, Betinotti, Nostalgias, Percal, entre tantos otros.
Dueño de una “pinta” impresionante, fue una gran figura del cine, donde actuó en películas como “La cabalgata del circo”, “Historia del 900”, “El último payador”, “Pobre mi madre querida” o “El último perro”, en una lista extensa de éxitos.
Su interés por los géneros populares lo llevaron a incursionar también como director cinematográfico. Entre su amplia filmografía se destaca, sin lugar a dudas, el clásico de todos los tiempos “Las aguas bajan turbias”, donde expone su preocupación por lo social pero también su mirada sensible sobre los dramas humanos.
El guión de “Las aguas…” pertenecía al militante comunista (antiestalinista) Alfredo Varela, que había sido encarcelado. Cuenta la leyenda que Del Carril intercedió ante Perón por Varela: “¿Por qué está preso?” preguntó el entonces presidente. “Por orinar frente a la embajada soviética”, contestó el artista. Luego de reírse, el general respondió: “Mire, al final somos todos un poco comunistas, si al final lo que buscamos es la justicia social”. Varela fue liberado inmediatamente.
Identificado con la causa nacional y popular, fue perseguido y prohibido después de la caída de Perón y durante la última dictadura militar. Pero él permaneció fiel en sus ideales de una patria justa, libre y soberana.
En 1986 fue nombrado Ciudadano Ilustre de la ciudad de Buenos Aires.
Desde aquí nuestro sentido recuerdo al gran artista popular.