lunes, 17 de octubre de 2011

Bandera a la victoria



60 años.

Los olvidados de la tierra






Flor obrera soy, silvestre de espumas.
Cuando el tren se va miro en las vías la luna,
pensando tal vez mi pago encuentre fortuna.

Soy el que quedó en medio’los ranchos.
Guacho del fiao a mate y guiso inventado.
Hambre y rebelión fueron creciendo en mis manos.

Soy el olvidao, el mismo que un día
se puso de pie tragando tierra y saliva,
camino hacia el sol para curar las heridas.


“El olvidao”. Duende Garnica


viernes, 14 de octubre de 2011

Diez años



Leemos: "Cuando en la Capital se llevaba escrutado el 83 por ciento de las mesas, los blancos y nulos, más los impugnados, sumaban el 28,65 por ciento de los votos emitidos y superaban el porcentaje conseguido por la Alianza. En Buenos Aires la misma sumatoria lograba el 25,89 por ciento. En Santa Fe, el voto bronca se destacó por lejos, al alcanzar casi el 40 por ciento de los sufragios además de aventajar al PJ, que resultó ganador de las elecciones en el distrito.
Con mayor precisión, puede afirmarse que el verdadero voto de rabia fue el anulado. Los blancos registraron variantes poco significativas con relación a comicios pasados, mientras que los nulos —por el contrario— crecieron con ímpetu arrollador, casi de modo exponencial en las legislativas de ayer".

Hace 10 años se realizaban las elecciones legislativas en las que la estrella iba a ser el denominado "voto bronca". Los votos blancos o nulos fueron un aluvión, presagiando el "que se vayan todos" de fin de año. Por aquellos días, hasta un conocido humorista debió salir a decir que no tenía nada que ver con una campaña a favor de meter en los sobres la figura de su personaje más famoso.
Aquello fue el principio del fin para el gobierno de Fernando de la Rúa, que se iría dos meses después, en medio de cacerolazos, saqueos y muertes en las calles de todo el país.
De una elección a otra, pasaron solo diez años. Parece tanto tiempo.
De aquellas broncas a estos amores.

sábado, 8 de octubre de 2011

Defender la alegría

"El arte de nuestros enemigos es desmoralizar, entristecer a los pueblos. Los pueblos deprimidos no vencen. Por eso venimos a combatir por el país alegremente. Nada grande se puede hacer con la tristeza".

Arturo Jauretche



El viejo Arturo mira desde arriba. Apaga el pucho y se sonríe pícaro.

miércoles, 5 de octubre de 2011

Los gerentes de la historia



Hay tipos que se creen dueños de la historia, o al menos sus albaceas. De sus documentos, sus libros, sus manuales, sus próceres, sus estatuas.
Nadie que no pertenezca a su mundo, a sus claustros universitarios, a sus cátedras hereditarias podrá jamás osar discutirles el concepto de historia que manejan.
Es el caso de Luis Alberto Romero, quien ahora nos alerta que de ninguna manera se nos ocurra reemplazar la figura sacrosanta de Julio Argentino Roca, por la de Néstor Kirchner.
En uno de los párrafos de su nota en el diario de La Nación, asegura:
"Es importante recuperar la perspectiva histórica, evitar los anacronismos y recordar uno de los principios básicos del oficio de historiador: los hombres y las instituciones deben ser comprendidas en el contexto de su época, sus prácticas y sus valores. No sólo ayuda a hacer buena historia, sino a tomar las lecciones correctas del pasado".
Que es precisamente lo que Romero no hace, al comparar las prácticas políticas de un país democrático en el siglo XXI, como es la Argentina, con la conducta de los monarcas en la Roma del primer siglo de nuestra era.
Si bien ya me expresé en contra de la sacralización y ritualización de los nombres de los líderes políticos como hice aquí, y hasta podría discutir la perspectiva que algunos tienen sobre la figura de Roca, de lo que nos habla Romero no es ni de Kirchner ni de Roca.
Es una caracterización de la historia como un coto de caza. Como propiedad privada. Esa propiedad privada se relaciona en forma clara con los dueños del poder económico y de la tierra en nuestro país –no por nada la nota se publica en La Nación-. Y allí no puede entrar cualquiera. Solo aquellos que sus gerentes, o sus patovicas, permiten.
Los historiadores como Romero, pertenecientes a la corriente de la “Historia social”, aportaron algunos fundamentos al estudio de las ciencias sociales provenientes de las corrientes filosóficas europeas (estructuralismo, marxismo, etc.), pero jamás pusieron en duda la antigua historiografía liberal de la Argentina. Y sobre todo la emprendieron contra cualquier forma de revisionismo y, por ende, de política a favor de las grandes mayorías.
Como señala Norberto Galasso: “Romero (h.) comparte la opinión de Halperín ya transcripta donde confiesa que la Historia Social se propone “enriquecer” pero no cuestionar a la Historia Oficial. La estatua de Mitre permanece incólume e inmaculada: “Mitre inventó la Nación Argentina, la Identidad Nacional que era lo que necesitaba para desarrollar su proyecto de Estado nacional. Él decía que la patria nació en 1810 y hoy un historiador no sostendría eso, pero está bien que él lo haya hecho porque tenía una función política, cívica”. Ocurre, sin embargo que el mismo Romero (h.) ha declarado que “los revisionistas no querían hacer historia sino política y por ello no les preocupaba el rigor”, de lo cual resulta que la intencionalidad política y la ausencia de rigor se tolera cuando se trata de Mitre y no cuando proviene de los revisionistas”.
Obviamente, toda la fundamentación de Romero esconde su persistente y confeso gorilismo. Pero creo que lo que más le molesta es esa manía que tienen algunos movimientos populares y sus historiadores de polemizar con la historia que nos contaron, y que ya tenemos comida y bien digerida. La historia que escribió Mitre, que nos habla del magnífico periodo de la organización nacional, mientras se degollaban gauchos y se asesinaban indios; la que encarnó Roca más adelante, poniendo en marcha “el granero del mundo”, con un grupito de aristócratas llevándose la vaca atada a Europa y con miles hacinándose en inmundos conventillos.
Como las tablas de la Ley que mostró Moisés a los hebreos, la historia ya está escrita, no hay que andar debatiendo sobre ella. Los Romero sólo son gerentes, que se dedican a administrarla. Y a cuidar que ningún desgarbado líder patagónico se les cuele por el ventiluz.

lunes, 12 de septiembre de 2011

Honor y gratitud



En el día del Maestro, estos monstruos se recibieron de campeones una vez más, frente a su gente.
Dos títulos continentales (2001 y 2011). Una medalla de oro olímpica (2004) y otra de bronce (2008). Un subcampeonato mundial (2002), un cuarto (2006) y un quinto puesto (2010), en uno de los deportes más disputados y con mayor paridad del planeta.
Hago mía la propuesta de Leandro Ginóbili: que al menos un pasaje de la ciudad de Buenos Aires lleve el nombre de Luis Scola.
No queda mucho por decir: sólo que probablemente sean el mejor equipo en la historia del deporte argentino. O algo así.

sábado, 27 de agosto de 2011

Estamos todos locos



Acostumbrados como estamos a no creer en nada de lo que se ve en la tele, o mirarla con un interés apenas superficial, nos conmueve cuando algo que viene de la caja boba nos interpela en nuestra propia intimidad:

Cuando un hombre entra en una habitación lleva consigo su vida.
El tiene un millón de motivos para estar en cualquier lado. Pregúntale.
Si prestas atención, te dirá como llegó allí, como se olvidó de hacia dónde iba y luego despertó.
Si escuchas, te contará de la época en que pensaba que era un ángel o en la cual soñaba con ser perfecto.
Y luego esbozará una sonrisa astuta, satisfecho de haber comprendido que el mundo no es perfecto.
Somos defectuosos porque siempre queremos más.
Estamos perdidos, porque logramos cosas pero añoramos las que teníamos.

Don Draper. Mad Men. Temporada 4, Ep. 8 “Summer Man”

Así se siente uno tantas veces.
Hoy recibí un par de propuestas un poco locas. OK. Tendré que estudiarlas detenidamente.

Para leer más sobre la excelente serie creada por Matthew Weiner, click aquí.

miércoles, 24 de agosto de 2011

Con la música a otra parte



Alguna vez alguien me contó una anécdota sobre él. Corrían los años ’70, plena primavera camporista, y todo el mundo andaba alborotado. Florecían las agrupaciones políticas y también las culturales. Y si ambas se reunían, mucho mejor. En una de ellas, se había decidido formar una asociación de músicos peronistas. Pero era tal marea y la cantidad de advenedizos que querían colarse en el flamante movimiento, que un día el Chango bajó una consigna clara a los participantes:
-Muchachos, colgamos una guitarra en la entrada. El que la pueda afinar, que entre; el que no, que se vaya a otra parte.
El Chango Farías Gómez era un militante peronista. Pero por sobre todas las cosas fue un músico del carajo. Obsesionado con las distintas expresiones que derivaban de la música popular. No le gustaba el término folklore, por sonarle arcaico, mientras que él sostenía que la cultura popular estaba viva, aquí y ahora.
De familia musical y santiagueña por antonomasia. Fundador de los míticos Huanca Hua, también supo volar pronto desde allí y formar el Grupo Vocal Argentino, hasta forjar su propio nombre en la música argentina. Tal vez su obra cumbre haya sido M.P.A. (Músicos Populares Argentinos), ese seleccionado en el que formaba junto a Peteco Carabajal, Jacinto Piedra, Verónica Condomí y el Mono Izaurralde. Tuve la oportunidad de verlos, cuando se volvieron a reunir por la convocatoria del Chango, en un ciclo en el Megafón de la calle Piedras. Raly Barrionuevo reemplazaba felizmente a Jacinto, que había partido demasiado pronto. Pero la magia de aquel grupo vanguardista permanecía intacta.
Siempre fue por más, transgrediendo límites y purismos academicistas. Después vino La Manija, el disco “Chango Sin arreglo” (justo él, uno de los más brillantes arregladores de la música argentina), la producción del disco de Mercedes Sosa para los alemanes. Y también sus devaneos políticos, entre el peronismo, el menemismo, el PRO, su retorno a las fuentes. Su puesto en la Legislatura porteña, desde el que promovió los feriados de carnaval, hoy consagrados a nivel nacional.
Se nos fue el Chango Farías Gómez. Con su voz rasposa, su exquisito gusto musical y sus ganas de seguir experimentando con los sonidos y los ritmos hasta el infinito. Parafraseando a la zamba del Cuchi y Castilla, que magistralmente interpretaba, a partir de hoy, en esa música irá al viento, machadito, el Chango.




lunes, 15 de agosto de 2011

Todo redondo



Cristina gana con más del 50% de los votos. Supera holgadamente hasta las predicciones más optimistas que hablaban de entre el 42 y el 45%
Gana en todos los distritos, salvo el “feudo” de los Rodríguez Saá: San Luis.
Gana en Capital Federal (30%), Córdoba (34,7%) y Santa Fe (37,8%), los tres grandes distritos que le habían traído algunos dolores de cabeza en la previa de las primarias.
Les saca 38 puntos de ventaja a Duhalde y a Alfonsín, quienes pelean por el segundo puesto cabeza a cabeza, en un duelo que no tendrá un ganador claro.
Ninguno de sus competidores se acerca a los 20 puntos, el piso desde el cual preveían comenzar la remontada de cara a octubre.
La provincia de Buenos Aires (53,8%) vuelve a ser el gran bastión para el FPV. La Presidenta suma más votos que su candidato a gobernador. Y Scioli le saca 30 puntos de diferencia a De Narváez, quien le provocó el mayor disgusto al oficialismo hace dos años.
La participación en las PASO superó el 77%, dato que las pone al mismo nivel que cualquier elección general. Pese a todo, los argentinos seguimos con ganas de votar.

Las próximas horas serán para nuevos análisis. Pero lo que surge en las horas transcurridas desde el comicio es todo ganancia para el kirchnerismo.
Y lo mejor fue la convocatoria a la unidad en el discurso de la Presidenta:

viernes, 12 de agosto de 2011

El hombre que dibujó al mito



Uno repasa los títulos e impresionan: Bull Rocket, Rolo el Marciano Adoptivo, Joe Zonda (todos junto a Héctor Oesterheld); Slot Barr, Ministerio, El Instituto (junto a Ricardo Barreiro); Evaristo, Ana, Aguila negra, Historias tristes, Silly Symponies y varios etcéteras más, que no entrarían en esta nota.
Pero sin duda, Francisco Solano López, nacido en Buenos Aires en 1928, y fallecido hoy en su ciudad, ya se transformó en mito por la creación de El Eternauta, sobre guiones de HGO. Sin dudas, el personaje de aventuras más fascinante de la historia de la historieta argentina.
Como dice el editor Javier Doeyo, “es un clásico, porque hoy, a ciencuenta años, la odisea de Juan Salvo sigue despertando pasiones. La historia es la misma, excepcionalmente narrada, creativamente escrita y, en muchos casos, copiada hasta el cansancio. Con el valor de los buenos clásicos, no pierde vigencia y se pone más interesante día a día. Es un trabajo genial y por eso mismo se convirtió en lo que es: el sinónimo de historieta argentina”.
Decía el propio Solano sobre la creación del personaje que se publicó entre 1957 y 1959 en la revista Hora Cero Semanal: “Fue, además de una historia de ciencia ficción, una especie de ejercicio de anticipación de la entrega que el país iba a vivir décadas después. Creo que fue un acto casi inconsciente, tanto de parte de Héctor Oesterheld como de parte mía, en el contexto de los años ’50 (…) nosotros pensábamos – y queríamos – que las aventuras fueran vividas aquí en el país. Pero sabíamos, y quedó reflejado en esa ficción de Juan Salvo y sus amigos, que había países poderosos en el norte. Llegado el momento decidieron intervenir en el conflicto bombardeando la base alienígena y de paso, cañazo… la bomba atómica la tiraron sobre Buenos Aires. Querían hacer mierda a los extraterrestres pero hicieron mierda a toda la ciudad también. Era una forma de decir nosotros estamos acá, somos la Argentina, pero si nos tienen que dar un mazazo nos lo van a dar y a nadie se le va a mover un pelo. Eso es lo que le impresiona al lector de cuarenta años después, lo lee y dice ‘puta, es verdad’. Pero estaba, yo pienso, como en el inconsciente colectivo, en el nuestro y en el de los demás”.
Personalmente creo que alguien como Solano López no puede haber muerto. Y tal como el personaje mitológico que dibujó, se dedica a partir de hoy a recorrer incansablemente la eternidad.